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LA TEXTURA DEL MAL


Acaba de publicarse este libro. No es para emocionarse, trata del mal. Apenas si he podido acercarme a él. Es prácticamente inabarcable, intocable, impronunciable. Y puedo estar persuadido que no existe una filosofía del mal, como tampoco no existe una filosofía del mal que forme un sistema. Lo único cierto es que cada época inventa sus propios protocolos, sus aprioris, sus verdades, en fin, para afrontar y a la vez exorcizar esa región que designamos como el enigma del mal. La experiencia humana del mal se da sólo a través de esas estructuras que forman las epistemes de una cultura determinada, y tal experiencia no deja por eso de contener una invariante, que es el enigma mismo. El mal, es ese “corazón de las tinieblas” del que nos habla Conrad. Porque la pregunta por el mal es una pregunta destinada a no ser agotada, de hecho a cada paso se nos ofrece una nueva perspectiva, un guiño distinto, una extensión mayor o menor, pero siempre ahí algo se escapa, algo deja de ser nítido y se vuelve oscuro, denso, confuso: el mal. “El mal pertenece al drama de la libertad humana. Es el precio de la libertad”, dice Safranski. Quizá sea cierto, quizá sea este el drama